domingo, 12 de febrero de 2017
Febrero 12 de 2017
Me he sentado otra vez a leer un poco de nuevo. Es un milagro teniendo en cuenta que he dejado de leer por más de casi un año y mientras lo hago, en silencio y con concertación, ya no son las palabras de Mario Benedetti las que escucho sino de mis abuelos, mi abuela acusa a mi abuelo de ser malinchista y para los que no sepan que significa qué es eso, es cuando uno no aprecia el lugar dónde nació y, mucho menos con quiénes se crió. El punto no es ese, mi abuela lo acusa de no querer ir a visitar a su hermana, quien ya tiene Alzheimer y se está muriendo poco a poco su cerebro.
Sesenta años juntos y todavía no se entienden, si para eso se busca una pareja, mejor no. Creo que mi abuelo a sus 84 años ya está cansado de todo, cansado de su esposa, de la gente, del trabajo, de sus hijos y sí, hasta de su propia vida; lo cual es bastante fuerte teniendo en cuenta que siempre lo he considerado un defensor acérrimo de la vida, demasiado controlador, de carácter fuerte y enojón pero siempre el defensor de la vida. Ahora creo que ni eso quiere hacer y la verdad, es deprimente, yo a mis diecinueve años y todavía no sé si la defiendo o lucho contra ella.
En todo caso, no necesito tener 84 años para saber cómo se siente él, se le ve en la mirada, en la forma en que camina, en la que respira, ya no tiene las ganas de antes y eso es horrible, porque sé que quisiera tenerlas pero ¿de dónde las saca?, no es su culpa que le haya pasado esto, ni tampoco que mi abuela lo acose de repente con este tipo de cuestionamientos [cosa que hizo antes conmigo y no hubo nadie que pudiera oírla] y aún así pasa.
Criarse con gente adulta tiene muchas cosas en mi contra, la primera es que la vida te pesa más que de costumbre, siempre lo hace, no importa que ames la primavera porque sabrás que un invierno aterrador vendrá para sustituirla; la segunda es que ya sabes suficiente sobre productos farmacéuticos como para creerte experta y sino, pregúntenle a mi mamá. La tercera es el gran carácter que tenemos, lo digo con sarcasmo claro está y muy a regañadientes, me cuesta reconocer que yo tengo este carácter tan mierda y es horrible.
La cuarta es que te vuelves impaciente, checas el reloj demasiadas veces antes de que te des cuenta y terminas matando neuronas o consiguiendo granitos en la cara por el estrés que esto te causa.
Puedo encontrar muchos más motivos para nombrar pero son demasiados y estoy cansada de escribirlos todos.
Deséenme éxito esta semana, suerte todos tienen.
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